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NOTICIAS
Rostros entre rejas. Regis y Antonio
Adrián Leiva
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Cuando en el mes de
marzo de 2003 el gobierno cubano desató una ola represiva de dimensiones
inusitadas que llevó a las cárceles a 75 cubanos de la incipiente sociedad
civil en la Isla, en ese proceso fueron involucrados numerosos conocidos y
compañeros de lucha. Aunque el hecho motivó una profunda actitud de
solidaridad hacia todos los encarcelados y sus familiares, conocidos o no,
sin tener en cuenta diferencias de criterio o agrupación de pertenencia,
siempre se hace más profundo el sentimiento de dolor en aquellos casos más
cercanos.
Dos de estos hombres, quienes me honran con su amistad, son Regis Iglesias
Ramírez y Antonio Díaz Sánchez, condenados a 18 y 20 años, respectivamente.
A ambos los conocí un mismo día en la segunda mitad de los años noventa en
ocasión de una reunión de trabajo del Movimiento Cristiano Liberación,
organización en la que en ese entonces habíamos ingresado varios residentes
del reparto Palatino en el Cerro. Días antes del encuentro Oswaldo Payá me
había visitado para prevenirme que estuviera listo para lo que sería mi
primer contacto con los coordinadores y algunos miembros del movimiento. Una
vez en el lugar de la cita fui presentado a cada uno de los presentes. Allí
estaban Regis y Antonio entre otros tantos.
Durante los debates que tuvieron lugar en aquella sesión y en los que cada
participante expuso sus puntos de vista sobre los temas de la agenda, me
atrajeron las exposiciones de Tony Díaz, el Boricua, como todos llamaban a
Antonio. Su sentido práctico y objetivo, la manera en que valoraba la
esencia de los problemas con una óptica realista y manejando los criterios
con una gran sencillez delineaban la personalidad de aquel joven como una
persona de profundas
convicciones, inmersa en los problemas de la sociedad en la que vive y con
gran disposición para enfrentarlos.
Todavía guardo en mi memoria las observaciones hechas por él en aquella
primera tarde en el Movimiento. La talla del líder capaz de hacerse entender
y convencer con la claridad de sus ideas sin imponerse al criterio de los
demás, dejaron abiertas las puertas a nuestra relación de mutua amistad.
Cuando tocó el turno a Regis, su voz pausada y la sencillez que emanaba en
su conducta ofrecían una rápida sensación de empatía hacia un ser humano que
prometía ser excepcional. Con el paso del tiempo pude comprobar que aquella
primera impresión externa también se verificaba en su interior. La
admiración y el cariño que todos sentimos por Iglesias están más que
justificados por su actuación y manera de comportarse.
Con el de cursar de los meses los vínculos de trabajo se fueron haciendo más
estrechos e intensos, permitiendo que la interrelación personal con Antonio
y Regis fuera cada vez más familiar. Nuestros encuentros fueron siendo
asiduos y bajo sus orientaciones el equipo conformado en Palatino realizó un
trabajo brillante en la recogida y verificación de firmas.
Los juicios que determinaron las injustas condenas que sobre Antonio y Regis
pesan son un baldón para el estado de derecho cubano y para la historia
presente. Estos amigos y compañeros ya han entrado a formar parte de la
propia esencia nacional, que algún día reconocerá sus esfuerzos y les pondrá
en el sitio que les corresponde por su actitud valiente y desprendida. Será
la misma historia la que habrá de decretar el veredicto de inocencia, pero
en adelanto a ello ya el Dios en el que ambos creen les ha dado la
absolución merecida.
En cierta ocasión escuché decir a alguien la siguiente frase:
"En mi centro de trabajo todos son mis compañeros, pero mis amistades las
escojo yo". No sé si Regis y Antonio me escogieron como amigo aquella tarde
en que nos encontramos por primera vez, pero puedo decir que yo los escogí a
ellos.
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