Cubanet
Lo que no puede exterminar el
presidio.
Por: Beatriz del Carmen Pedroso.
Periodista independiente.
Ciudad de La Habana.
Algunos
dicen que la prisión es un palacio, otros la ven como un hermoso jardín.
Algunos sostienen que al pasar a través de las puertas de la prisión
pasaremos del cautiverio actual a la libertad.
Monadas K. Gandhi, 1907, Sudamérica.
El acontecer diario en la vida de los libres pensadores
guarda intima relación con el proceso de independencia y su libre
determinación. Todo pensamiento que surge en beneficio de la verdad no puede
ser exterminado, aun en el cuerpo enfermo y cansado de un hombre que está
seguro de sus ideas. Aunque sus actos lo guíen al mundo incierto de las
sombras.
Tal es el caso de Héctor Palacio Ruiz a quien el estado cubano le
concedió la Licencia Extra Penal, que por sus propias palabras y en honor a
la realidad… ‛no es la libertad definitiva.”
Palacio Ruiz ha salido de la sala de penados de la Policía
Política del gobierno de la Isla y situada en el Instituto Militar Carlos J.
Finlay con disímiles padecimientos críticos. Este acto no es legitimado por
la buena voluntad sino por el temor a la muerte física del individuo dentro
de rejas.
Más de dos años de hospitalización de los casi cuatro que llevan
los presos de la Primavera Negra del año 2003 ha pasado Palacios. Aquejado
de mal funcionamiento en el hígado, hipertensión arterial severa, una
isquemia y serios problemas circulatorios en las piernas han sido el remate
para la vida de este luchador por los derechos humanos y civiles en Cuba.
No se esconde casi acabado de llegar cuando declara ante amigos y
colegas en la sala de su casa, que los carceleros del precinto de Kilo 5 en
la provincia de Pinar del Río donde estuvo confinado en los principios de la
pesadilla, son unos asesinos. Tampoco el principio fundamental de su
contienda: ‘los problemas de los cubanos, son de los cubanos y los
tenemos que resolver nosotros mismos…tenemos que ser capaces de conseguir la
independencia después de tantos años de dictadura absoluta”.
No cree que los cubanos como nación sean menos, todos incluso
el más pequeño, forma parte de la familia de los seres humanos, tal es la
reflexión y el mensaje.
Que se puede decir de esta familia reunida en medio de maletines,
bolsos y libros. Verlos solamente una puede ser capaz de pensar que el
merecido y efímero descanso en el hogar con los suyos puede verse
interrumpido abruptamente. Convencidos estamos que los hierros son reales y
que están allí, esperando por cualquiera de nosotros. Que el discurso
oficial no ha cambiado, sin embargo muchas cosas deben hacerlo. La
justificación de infelicidad e ineficacia achacada a terceros no es
sustentable.
¿Algo ha cambiado con el presidio de cientos de hombres y mujeres? ¿Han
beneficiado al pueblo de La Mayor de Las Antillas más de cuarenta años de
dictadura y miseria? ¿El desarraigo familiar, las sospechas y las divisiones
nos conducen a una patria diferente?
Pero más allá de las interpretaciones se constata en la
política del régimen de la Isla una intención manifiesta de perdurabilidad.
Una intención de aplazar las promesas y los compromisos contraídos con el
pueblo bajo la excusa de un embargo es evidente. El subterfugio de embargar
a los cubanos culpando al vecino del norte sigue siendo la coartada
perfecta, aunque miles de compañeros, amigos y colegas dejen sus vidas en
las mazmorras del régimen.
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