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SIN AGUA NO HAY NEGOCIO”.
LA HABANA, CUBA - 4 de mayo (Lic. Guillermo Fariñas
Hernández,Cubanacán Press/Puenteinfocubamiami.org)- Ya el negro Isidrito “El
Bombero” no se quiere ni acordar, de cuando era un furibundo pionero de la
filocomunista Unión de Pioneros de Cuba (UPC) y mucho menos de los lejanos
días en que se desgañitaba gritando, el hoy ridículo lema: “Pioneros por el
Comunismo, seremos como el Ché”.
Mejor para Isidrito es la perentoria necesita olvidar de una forma abrupta
su desvarío de presentarse ante el Comité Militar de la ciudad de Santa
Clara en el año 1987 y con sólo 17 años pedir a viva voz a los oficiales
reclutadores, que lo enviasen a combatir a la lejana Angola, los que lo
complacieron de inmediato.
Si, es muy cierto que regresó sin una herida en el cuerpo y lo más
importante vivo, pero su culpable conciencia ya sangraba a borbotones, eran
muy sofisticadas las desgarraduras con lesiones espirituales, que son
invisibles a la vista de los seres humanos, pero sensibles a las almas de
hombres y mujeres.
Con la incorporación de nuevo a la sociedad cubana en diciembre de 1989, de
pronto y sobretodo cual una avalancha inesperada se desmoronó el aparente
fuerte, robusto y consolidado campo socialista europeo, ya los teóricos del
Marxismo-Leninismo no podía afirmar, que lo de Polonia era una exclusividad
aberrante.
Tras esto le sobrevino la crueldad de visitar la cárcel, los jueces, los
policías, los fiscales, los compañeros de trabajo y hasta los “amigos” de la
Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), se olvidaron de
dos cosas.
La primera de ellas es que tenía un hijo recién nacido al que debía
alimentar en medio de una crisis económica bautizada eufemísticamente por el
propio Comandante, cual Periodo Especial en Tiempo de Paz y la segunda que
se trataba un internacionalista con un estado traumático denominado Síndrome
Post-Bélico.
Ya condenado a 15 años de privación de libertad, a veces refiere en la
intimidad de los poquísimos cercanos en los que todavía confía, porque
cuando cayó en “El Tanque” como se le dice en la jerga marginal a la
prisión, sólo 3 personas no se olvidaron de Isidrito, incluida su madre
claro.
Salió hace 5 años de la penitenciaria “Alambradas de Manacas”, aunque ahora
pertenece a los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y se traga el
buche amargo de pagarle la cotización anual a sus hipócritas colegas de la
Asociación de Combatientes, que un día se desentendieron de él como un fardo
comprometedor, como modo de no levantar sospechas.
Ni corto y mucho menos perezoso aprendió en ese cementerio de hombres vivos,
en que han convertido las cárceles de la isla, donde la integridad física y
moral de los reclusos está mucho más en peligro, que en las selvas,
llanuras, montañas, ríos y desiertos angolanos, que la formula es robarle al
estado de alguna forma.
Lo primero que hizo a riesgo de volver tras las rejas, fue caer en un delito
de Cohecho o sea corrompió a un galeno, para que lo llevara ante una
Comisión Médica, para lograr un subsidio de por vida y ser un jubilado ante
las autoridades represivas, siempre al acecho para regresarlo “al tanque”.
Después buscó un negocio rentable y se dijo para si mismo: “Sí los cubanos
están pasando tanta hambre, pues pongámonos de lleno para llenarles las
barrigas y de paso llenarme mis bolsillos de billetes, sean estos en moneda
nacional o divisas extranjeras convertibles”.
Ahora el tiene varias fabricas clandestinas de embutidos, en ellas cerca de
40 sanclareños dependen de sus negocios, tiene comprados a muchos de los
carniceros en la ciudad de Marta Abreu, para que le comercialicen los
jamones “Made in Isidrito” y con la ayuda de Dios todas las inversiones van
viento en popa y a toda vela.
El ya no participa directamente en las transacciones, es ya todo un gran
empresario que controla desde su casa, sentado en una silla de ruedas,
aparentando una supuesta enfermedad. Mantiene a 2 queridas jóvenes incluida
una de raza blanca, lo cual le da mucho mayor status ante las huestes de los
sectores marginales de la capital de Villa Clara.
Su modus vivendi es sencillo, consiste en echarle bastante agua a la masa de
sus embutidos, para a posteriori congelarlos y así cuando el comestible
verdaderamente pese, ya tras esto lo que queda es venderlos a un poco menos
que los comercios estatales, por eso le apodan Isidrito, El Bombero, porque
sin agua no hay negocio.
Informó desde Santa Clara al Puente Informativo Cuba Miami el Licenciado
Guillermo Fariñas Hernández, director de la Agencia de Prensa Cubanacán
Press. Dado a los 3 días del mes de mayo de 2007.
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