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Treinta días de tormento anual

 

ESBU “Camilo Cienfuegos”  ESBU “Camilo Cienfuegos”   Transporte Esc. al Campo      Transporte Esc. al Campo       Transporte Esc. al Campo    

RANCHUELO, CUBA- -29 de mayo (Félix Reyes Gutiérrez, Cubanacán Press/Puenteinfocubamiami.org)- Cada año que transcurre, los adolescentes cubanos, son sometidos a medios de hábitat y tratos esclavistas, distantes de su municipalidad, por treinta días. Estos impositivos viajes hacen recordar a sus progenitores, los efectos devastadores de los ciclones tropicales.

Era una tarde nublada del pasado mes de Abril cuando los padres de los estudiantes pertenecientes a la Escuela Secundaria Básica Urbana (ESBU) “Camilo Cienfuegos” del municipio villaclareño de Ranchuelo, fueron convocados para una reunión, donde se darían a conocer según previa citación importantes orientaciones.

Presente la totalidad de los progenitores en el centro escolar, uno de los directivos les comunicó: “El próximo miércoles todos los profesores y alumnos marcharemos hacia las labores agrícolas, no tenemos calzado, vestimenta ni nada que dar, pero es una tarea orientada que ustedes saben hay que cumplir”.
El encuentro que al parecer duraría un prolongado tiempo, se dio por terminado en sólo escasos minutos, pues lo expresado por el maestro, semejaba más una orden de tipo militar, que una significativa información.

A la generalidad de los masculinos congregados, la tajante frase escuchada por los oídos paternos, les hizo recordar los años ochenta cuando fueron llamados para partir hacia la guerra en la lejana República Popular de Angola o Etiopía.

De regreso al hogar comenzó la pesadilla para estos padres, producto que los bajos salarios devengados, cuyo promedio mensual es de solamente 268 pesos moneda nacional (MN), unos 11 pesos convertibles, no se correspondían con los elevados costos de los productos necesitados para sus chicos de entre doce y quince años de edad.

Pues habría de buscar para cada hijo, dos camisas de trabajo e igual cantidad de pantalones a un precio de 100 pesos nacionales cada uno, calzado de trabajo y un mosquitero al monto de 200 y 150 pesos moneda nacional, respectivamente.

Dos sábanas a un valor de cinco pesos convertibles (CUC) y una colcha equivalente a 16 CUC, pues estas sólo se expenden en las tiendas dolarizadas. También jabón de baño y lavar a 30 centavos dólar, ya que este no siempre se distribuye mensualmente en las bodegas, a través de la canasta básica.

A su vez, adquirir para los mismos una toalla, debido a que en los hogares isleños generalmente se dispone de una sola, que siempre está en uso, y un par de chancletas de baño a un importe de 2 pesos convertibles; así como desodorante, pasta y cepillo dental, al precio de un CUC por cada uno de los artículos mencionados.

Asimismo los progenitores tuvieron que escudriñar en la vecindad, con familiares o amigos dos maletas, preferentemente de madera con sus respectivos candados para frenar el hurto de los más necesitados o menos éticos de los educandos, una destinada a la ropa y otra donde se guardaría el refuerzo alimentario.

Indagar igualmente la adquisición de una gorra o sombrero para proteger la cabeza de los devenidos obreros agrícolas ante las fuertes radiaciones solares y sobre todo a los temidos y malignos rayos ultravioletas, que convierte a padres en auténticos Tom Cruise cual “Misión Imposible”.

Ya de estadía en la zona agrícola de Manacas, el primer obstáculo que se vieron forzados a superar estos cabezas de familias en el transcurso de las cuatro semanas y media de durabilidad de las llamadas Escuelas en el Campo, fue el relacionado con los altos precios del transporte.

Pues los transportistas particulares en las seis veces que se desplazaron hasta los campamentos nombrados “Suárez” y “Los Cocos”, situados a unos 40 kilómetros de distancia de la municipalidad de Ranchuelo, sin sonrojo cobraron a razón de 20.00 pesos per cápita por cada viaje.

A la hora de la partida y cada siete días los progenitores también se vieron obligados a comprar en los comercios de la localidad, y a productores particulares galletas, pan, dulces, frutas, cítricos, refrescos, caramelos y otras confituras, para compensar el desbalance alimentario-dietético que les era suministrado a los estudiantes por la directiva escolar.

Ya que la alimentación que se les proporcionaba a los internados era sobre la base de arroz y boniato, con picadillo de soya, con algunas pocas veces les sirvieron calamar como plato fuerte. Lo que precisaba de estos la elaboración de un almuerzo con proteína animal, para llevárselo los domingos, el día planificado de visita tras 6 jornadas de intenso trabajo agrícola.

El alumnado a su vez, se encontró en el territorio asignado, unos dormitorios invadidos por mosquitos y con un abasto de agua intermitente, por lo que en ocasiones estos tuvieron que trasladar el preciado líquido, desde tanques expuestos en las áreas exteriores de los albergues.

Eran levantados de sus literas, compuesta por bastidores de tablillas de madera, separadas a una distancia de diez centímetro cada una y colchones rellenos con aserrín y forrados con nylon o sacos de yute, a las seis de la mañana.

Una hora más tarde, los adolescentes comenzaban a laborar en la siembra o limpia de boniato, yuca, maní y tomate entre otras plantaciones hasta las doce del día que eran interrumpidas por el almuerzo. También les exigieron trabajar en el horario vespertino hasta las seis de la tarde.

Estaban obligados a cumplimentar la norma diaria fijada por los directivos escolares, pues los jóvenes tenían que sufragarse sus propios gastos, fundamentalmente la alimentación y además aportar parte de las ingresos, resultado de su sudor, al sectorial de educación en la localidad, lo que se propagandiza como una actividad “voluntaria”.

Durante el mes de permanencia en tierras managüenses, los escolares se bañaron con agua fría, ya que los referidos campamentos estaban desprovistos de tomas eléctricos, para el uso de los calentadores del higiénico líquido y por igual causa los ventiladores llevados desde sus hogares, nunca pudieron ser utilizados.

Tras la deserción de medio centenar de alumnos, pasados los 15 primeros días de escuela al campo, una afligida madre nombrada María Elena dijo: “Sí no le conceden la carrera universitaria a mi hija, por regresar antes de tiempo de Manacas, que Dios decida su destino, porque estamos endeudados y hemos pasado hambre, realmente esto es un tormento”.


Informó desde Ranchuelo al Puente Informativo cuba Miami Félix Reyes Gutiérrez de la Agencia de Prensa Cubanacán Press.



 


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