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PRISIONES CUBANAS
Situación de la Mujer en las Prisiones de Cuba
Por la ex presa política Maritza Lugo Fernández
Desde que se crearon las prisiones en el mundo, especialmente las de
mujeres, mucho ha sido lo que todas las que han tenido la desgracia de vivir
esa triste experiencia, han padecido. Más aun, si han sido injustas sus
condenas. Pero nunca sufrieron tanto las presas cubanas como en estos 43
años de dictadura Castrista. Antes de la llegada de Fidel Castro al poder en
1959, en Cuba existían menos de cinco cárceles. En la actualidad existen
decenas de éstas. La comparación refleja por si sola el aumento de mujeres
presas que ha existido en la Isla, desde que el castrismo se impuso como
modelo de control sobre la voluntad de los cubanos.
En Cuba, donde reina la tiranía, el despotismo, el hambre, la miseria, y las
injusticias, que reparte ese régimen abusador y asesino, todo es delito.
Comer carne es penado por las leyes cubanas. No se puede prosperar ni tener
proyectos individuales, porque si lo haces las personas son investigadas por
los mecanismos de control policial. Buscar las fuentes de mejor vida es
peligroso y puede acarrearle al cubano largas condenas de cárcel, si no
tienes el respaldado de la mafia comunista que lo controla todo.
Debido a las necesidades que padece el pueblo cubano y como en el país casi
todo es delito, las prisiones se cuentan por cientos. Dolorosamente, varias
de ellas con alta población penal son de mujeres. El gobierno se ha visto
obligado a construir más de estos tétricos cementerios de muertos-vivos,
como le llaman a las prisiones de mujeres, que por desgracia tienen que
vivir allí, sin defensa, ni protección, pensando en que quizás no puedan
salir nunca, como ha sucedido a algunas de sus compañeras. Las que logran
salir lo hacen afectadas psicológicamente, necesitando largos años para
recuperarse parcialmente y sin poder nunca olvidar esa dura experiencia.
Según estudios de la prensa independiente en Cuba y grupos de Oposición
Interna al castrismo, la mayoría de las ex reclusas salen del presidio con
esos trastornos.
Los delitos más altos que existen en estas prisiones son los económicos, con
un 50 por ciento aproximadamente. Entre estos delitos está "robo al Estado",
en primer lugar (malversación), seguido por los delitos de drogas, con un 20
por ciento aproximadamente. También con un aproximado de un 20 por ciento
están los delitos que se relacionan con los hechos de sangre y otros "actos
de violencia", como asesinato, intento de asesinato y agresiones.
El otro 10 por ciento está contemplado en otros casos como corrupción de
menores, desacato, cohecho, desorden público e instigación a delinquir.
Existen pocos casos de presas políticas, ya que el régimen las enmascara con
otras causas comunes y nunca permiten que se comuniquen entre sí, para
evitar que se apoyen.
También en Cuba el régimen totalitario se vio en la necesidad de hacer una
prisión especial, alrededor del año 2000, para las llamadas jineteras, que
no son más que las jóvenes cubanas que se ganan la vida y mantienen a su
familia con la práctica de la prostitución. "Un logro más de la revolución
de Fidel Castro". Estas son cientos de jóvenes cubanas que las obligan a
trabajar en el campo, explotándolas como esclavas.
Condiciones de vida
Las condiciones de vida dentro de las prisiones en Cuba son inhumanas. Las
celdas de castigo, sólo miden un metro de ancho por dos de largo. Las
necesidades fisiológicas hay que realizarlas en un hueco en el piso situado
en uno de los extremos de la celda, de unas ocho pulgadas de diámetro, por
donde entran las ratas y cucarachas, sobre todo en horas de la noche. En la
parte superior del hueco, hay un tubo de dos pulgadas por donde sale el agua
para tomar y también para bañarse. Las autoridades carcelarias ponen el agua
por solo unos minutos y el surtidor es tan fuerte que al dar en la pared lo
moja todo, incluyendo el lugar donde se debe acostar la reclusa. El lugar
donde se debe acostar la reclusa no es más que una base de concreto, muy
parecido a una tumba, sin un colchón, ni una sábana, ni nada con que taparse
durante el día.
En horas de la noche, a las 11 aproximadamente, le dan un saco de nylon
lleno de tiras que sirven de colchón. También la sábana, propiedad de la
reclusa, que su familia se la facilita para tener con que taparse. De no ser
así, la prisionera no tendría con que cubrir su cuerpo para evitar el frío y
los mosquitos. Todo esto se lo retiran a las 6 de la mañana. En tiempo de
invierno es terrible el frío en estos lugares. En el verano el calor es
infernal junto a la humedad, además, atacan mucho los mosquitos.
En estas celdas no existen luz eléctrica ni ventanas, sólo hay un
respiradero, por donde no entra ni la luz del día, ni ventilación. En estos
lugares no se sabe ni cuando es de día ni de noche. Sólo se puede calcular
un poco el horario por el almuerzo y la comida. No se puede ni dormir. A
menudo, algunas prisioneras sufrían por las condiciones del lugar. Otras
debutaban con crisis nerviosas como consecuencia de la claustrofobia o el
temor al aislamiento. A las que se les hacía irresistible el lugar,
atentaban contra su vida. A éstas, les quitaban hasta las ropas y las
dejaban sin nada en la celda, a que pasaran frío si era en invierno o calor
si estaban en el verano. Además, el efecto de los picazos de los mosquitos
en esa época hacía un verdadero infierno para estas mujeres.
En invierno, las ratas buscan el calor del cuerpo de las presas, a las que
en ocasiones mordían. Esto es una forma de torturar a las presas, física y
mentalmente. Por eso, cuando las presas hacían algo que no le gustara a las
autoridades o protestaban por algo, las amenazaban con llevarlas para las
celdas de castigo y éstas se ponían a temblar. Esto demuestra lo inhumano
del sistema carcelario del régimen castrista.
Por otra parte, en los destacamentos existen otras condiciones. Los
cubículos son de aproximadamente tres metros de ancho y cuatro de largo,
donde viven cuatro presas, con un baño, que consiste en un hueco en el piso,
también de unas ocho pulgadas, llamados por las reclusas por el nombre de
“polacos” y un tubo en la pared por donde entra el agua a la hora de
bañarse. Estos tubos si tienen una llave para abrir o cerrar la salida del
agua.
También tienen un pequeño lavadero, el cual nunca se puede usar por las
malas condiciones en el que se encuentra; ya sea porque está tupido o roto.
Estos son los mejores cubículos.
Existen otros mayores, donde tienen a dieciséis o más reclusas, donde es
también muy difícil la convivencia. Estos cubículos los mantienen la mayor
parte del tiempo cerrados con rejas y enormes candados, lo que sólo se abren
cuando sacan a las presas al comedor, para llevarlas al patio a coger veinte
minutos de sol tres veces a la semana. No siempre todos los destacamentos
tienen televisor, hay algunos que son traídos por los familiares de las
reclusas.
El agua la ponen a la hora que las autoridades determinen, y en ocasiones no
le da tiempo a todas para bañarse y almacenarla para tomar hasta que la
vuelvan a poner cuando ellos entiendan. En los pomos plásticos donde se
guarda el agua para tomar se puede observar a simple vista la suciedad que
ésta tiene.
Las ratas, cucarachas, insectos y otros agentes desconocidos se hallan por
todas partes, en busca de comida, mientras lo infectan todo por su paso,
afectando la salud de las reclusas. La falta de ventilación también hace
insoportable los días. Al caer la tarde, por la cantidad de mosquitos, las
prisioneras se desesperan porque algunas no tienen mosquiteros. Otras se
resignan a soportar el calor debajo de las sábanas, lo que hace más difícil
la permanencia en esos lugares.
Las literas son de hierro y muy incomodas a la hora de subirse en ellas,
algo que no pueden hacer las mujeres mayores de edad ni las que están
enfermas, que entonces usan las de abajo, si alguna presa consciente y
humana se las quieren ceder por ayudarla, por que a las autoridades eso no
le importa para nada. Las carceleras amenazan y dicen a las que se quejan,
"NO HUBIERAN VENIDO PRESAS". Las colchonetas son también sacos de nylon
rellenos de tiras, produciendo mucho calor en las noches de verano, Algunas
presas optan por acostarse en el piso para coger un poco de fresco, tomando
algunas medidas como taparse los oídos para que no se le metan los
abundantes insectos.
Es altamente peligroso que en una prisión falte la energía eléctrica, sobre
todo durante la noche. Sin embargo, esto sucede en las prisiones en Cuba. En
una prisión donde existe rivalidad, odios y todo tipo de malos sentimientos,
maldades, donde están mezcladas presas de alta peligrosidad social con
delitos degradantes, como asesinato, con otras presas, muchas de ellas
víctimas del sistema, mujeres que no merecen estar en un lugar como ése,
como es el caso de las presas políticas, las que tienen que fortalecerse
para poder sobrevivir en esos infiernos, la vida de las más vulnerable está
en constante peligro. Cuando el penal se ha quedado por varias horas a
oscuras, la justificación que dan las autoridades del mismo es que los
motores de las plantas eléctricas tienen problemas.
Casi todos los cubículos tienen filtraciones, como el agua de los baños del
piso superior. Esta es un agua fétida, que en ocasiones no deja ni dormir a
las reclusas, porque las gotas caen encima de sus camas, que no se pueden
correr porque están empotradas en el suelo, o no hay espacio para moverlas.
Esto viene sucediendo desde hace años, por que las estalactitas que hay en
el techo dan muestra de ello.
Mensualmente el penal les vende a las reclusas una factura de aseo personal,
que consiste en un tubo de pasta dental, un rollo de papel sanitario, un
jabón de baño y uno de lavar y un paquete de 12 íntimas de papel, todos de
la peor calidad, lo que parece ser desechos de las fábricas o de las tiendas
por defectos.
Las prisiones se encuentran encima de pantanos producidos por el agua que se
desecha en el penal de los baños y la cocina. Estas aguas que durante tanto
tiempo se han ido acumulando en la parte de abajo del penal, producen muy
mal olor y le dan albergue a las ratas, moscas y mosquitos que pueden ser
causantes directos de las infecciones que se reproducen en el lugar.
Por debajo de esta putrefacción están las tuberías del agua que usan las
reclusas. Estas instalaciones están en mal estado, lo que facilita, por las
roturas, que cuando ponen el agua, llegue a las reclusas con los efectos de
contaminación. Cuando las presas recogen las muestras en pomos con agua
contaminada las entregan a las autoridades llena de fango y larvas vivas.
Los oficiales que visitan a las reclusas, para hacer las inspecciones, le
dicen que cuando pongan el agua no la usen de inmediato y la dejen correr
antes de recogerla para tomar, que van a investigar el asunto, pero nunca
más hablan del tema, a no ser que sean las reclusas las que pregunten algo.
La alimentación
Los alimentos que brinda el penal a las reclusas son pésimos, en pequeñas
cantidades, mal elaborados y en ocasiones en estado de descomposición. La
alimentación no es variada pues repiten lo mismo por varios días hasta que
se les agota. Por ejemplo, cuando es la temporada de la col, este vegetal lo
dan en el almuerzo y la comida en diferentes formas, crudo, sancochado y
todos los días. Cuando llega la papa al penal, lo mismo y así sucesivamente.
Sólo les ofrecen un pedacito de carne cuando es un día festivo para el
régimen, como el 26 de Julio, el 31 de Diciembre, el Día de las Madres o
cuando hay problemas en la prisión o tienen un visitante que le quieran dar
una buena impresión.
El día en que dan este plato fuerte, como le llaman a la cena que contiene
carne, está todo super controlado por los oficiales del penal y un refuerzo
de la guarnición. Todos los trozos de carne son contados y controlados con
el mayor rigor, como si se tratara de algo excepcional y único. Cada reclusa
tiene que ir personalmente al comedor, y si no asiste, una guardia la visita
en el cubículo y le pregunta él por qué no fue. Luego debe informar a los
superiores, por sospecha a que la presa este haciendo una protesta. El deseo
de las reclusas a comer un pedacito de carne las lleva a ir de corriendo al
comedor. Sólo las prisioneras políticas dejaban de ir para demostrarles la
poca importancia que tenía eso para ellas, lo que despertaba la curiosidad
de las presas comunes y les dejaban un pedacito de pollo en las manos a los
oficiales, que no sabían que hacer con él.
Por otra parte, la guarnición y las autoridades del penal tienen su propio
comedor y cocina, con un grupo de presas a su disposición, que actúan, por
miedo, como esclavas al servicio de los jenízaros del sistema penitenciario
cubano. Los oficiales y reeducadores poseen, además, un almacén con buenos
alimentos, donde no faltan las proteínas y los alimentos básicos para la
dieta.
Las reclusas que reciben visitas de la familia pueden contar con un mayor
refuerzo y apoyo en su alimentación. Los familiares conocen las precarias
condiciones que existen en las cárceles cubanas y dedican parte de su tiempo
a mejorar la jaba, como le nombran al cesto donde transportan los alimentos
de los prisioneros, que le llevan en las visitas a las encarceladas. No
todas las prisioneras reciben visitas. Sucede que un grupo de ellas, poseen
familias de pocos recursos y apenas tienen capacidad monetaria para
transportarse de su residencia hasta las prisiones.
Los alimentos que permite el penal son limitados y muy requisados. No les
pueden traer a las reclusas productos que se echen a perder, ni pueden pasar
al penal alimentos elaborados. Las comidas elaboradas se las tienen que
comer en la visita, algo que es muy difícil ya que la tensión, el stress y
el estado de nervios, por la emoción de ver a la familia, no lo permite. Los
alimentos que pueden pasar al interior del penal, son galletas, cereales,
pan tostado, caramelos, leche en polvo, en fin, alimentos que se puedan
conservar en un lugar húmedo y con altas temperaturas.
Muchas son las mujeres que dentro de la prisión cambian sus pertenencias por
alimentos. Al llegar la hora de dormir el hambre se hace insoportable.
Algunas desarrollan ciertas habilidades para sacarle provecho, como tejer,
bordar, dibujar, arreglar uñas, con la intención de tener algo para poder
cambiarlo por cualquier cosa de comer.
Otra cosa que también afecta mucho es el horario en que dan el almuerzo y la
comida; nunca es a una misma hora. El desayuno, que es una infusión con un
pedacito de pan, cuando lo ofrecen, es a las 7 de la mañana,
aproximadamente. El almuerzo es según la hora en que lo tengan listo; a las
dos horas, después del desayuno y a veces antes. Esto lo hacen para terminar
temprano. Para no apagar los fogones dan la comida muy cerca del almuerzo.
Cuando el sancocho que dieron anteriormente todavía no había hecho
digestión. Pasada cinco o seis horas, el hambre comienza a hacer su estrago,
y las presas casi siempre se acuestan con hambre. Cuando la comida la dan
muy tarde, le dicen a las presas que no tienen combustibles para los fogones
y que estaban cocinando con leña. Ellas tienen que conformarse o, de lo
contrario, si protestan las llevan de castigo para las celdas y de todas
formas siguen pasando hambre en peores condiciones.
La atención medica
A pesar que el régimen dictatorial que impera en Cuba se proclama ser una
potencia médica mundial, la medicina, es un verdadero desastre en toda la
Isla. El problema es peor en las prisiones, donde las reclusas están todo el
tiempo dependiendo del penal y sin posibilidades de que realicen controles
médicos periódicos, tal como lo exige la fisiología de la mujer.
Para que una reclusa pueda ser vista por un doctor tiene que anotarse en una
lista con varios días de anticipación. Cuando llega el momento, si no ha
tenido ningún problema, y si hay guardias disponibles para eso, la sacan
para que sea valorada clínicamente. No siempre pueden atender a todas las
que necesitan este servicio porque son muchas y con diferentes problemas.
Las atenciones de los médicos son muy limitadas. Si se presenta un caso de
urgencia, como un ataque de asma, un dolor fuerte, pérdida de conocimiento,
desmayo o algún hecho de sangre, para que las autoridades le presten la
atención médica debida, las presas comienzan a gritar y a dar fuertes golpes
a los candados y rejas. Únicamente así, las guardias hacen algo llevándola a
la enfermería, donde le ponen una inyección o le dan algún medicamento, si
es que lo poseen en los anaqueles dispuestos por los galenos. Luego la
regresan detrás de las rejas. Sólo en caso de evidente muerte la sacan fuera
del penal a un hospital.
Han sucedido varios casos de mujeres que han muerto por no atenderlas a
tiempo, sobre todo en aquellos casos de asma crónica que hacen crisis
agudas. Algunas prisioneras han realizado actos suicidas. Sin embargo, las
autoridades le dicen a las presas que no tienen medio de transporte para el
traslado urgente a los centros médicos especializados. En ocasiones existe
transportación, pero se carece de combustible y en otras oportunidades hay
roturas que imposibilitan la movilidad de los enfermos.
Existe escasez de medicamentos. Los familiares que pueden le traen a las
reclusas lo que pueden conseguir, pues hasta una aspirina le cuesta mucho
conseguirla. En ocasiones hay brotes de diarreas, producido por los
alimentos en mal estado. Las medidas sanitarias que practican las
autoridades del penal son repartir, en grandes cantidades, y cada cierto
tiempo, cocimiento de guayaba u otro tipo de infusión.
También las mujeres están infectadas por enfermedades parasitarias
producidas y desarrolladas por la falta de higiene, la humedad, el agua
contaminada y estancada, con la que tienen que bañarse y también beber. El
agua que consumen las reclusas esta llena de agentes nocivos que todas
desconocen y que se pueden ver a simple vista. Cuando las reclusas tomaban
muestras para mostrarlas a los oficiales que pasaban el recuento, ellos
simplemente se la llevaban y decían que no cogieran el agua al abrir la
pila, que la dejaran correr un poco, para que saliera el agua sucia y
apestosa. Se llevaban la muestra y nunca más hablaban del tema.
En una misma prisión tienen a las mujeres contagiadas del SIDA, junto a las
que no lo están; esto es un alto riesgo para las sanas debido a la gran
violencia que existe en esos lugares, que originan múltiples hechos de
sangre.
Las doctoras y enfermeras en su mayoría son reclusas del propio penal,
mujeres que no están en condiciones ni capacidad de desarrollar su trabajo
como es debido, ya que están llenas de problemas provocados por la prisión y
el delito que cometieron.
Cuando una presa queda embarazada después de las visitas matrimoniales, o
entra al penal en estado de gestación, la dirección del penal intenta por
todos los medios que la reclusa se haga un legrado. Cuando no lo consiguen,
después de cierto tiempo, aproximadamente a los 5 meses de embarazo, la
trasladan a la enfermería del penal, donde la atención es pésima y todo el
tiempo lo pasan viendo atrocidades, pero allí tienen que estar obligadas,
aunque ellas prefieran estar en un destacamento con las demás presas. Allí,
en la enfermería, nace la desdichada criatura, presa también hasta los seis
meses, cuando algún familiar se la puede llevar. Si no tiene ningún familiar
que la pueda tener, se la entregan al gobierno hasta que su mamá sea libre.
La violencia
Hay un alto grado de violencia en las prisiones de mujeres, mayor aun que en
las cárceles de hombres. Esta violencia es provocada por las grandes
tensiones, estado de ánimo, injusticias, necesidades, abusos y, sobre todo
por la desesperación. Los hechos de sangre son comunes. También las
discusiones y agresiones, en ocasiones, arrastradas por la impotencia y la
falta de capacidad para soportar una prisión de máxima seguridad y rigor.
Las presas se auto agreden, con la esperanza que las saquen al hospital y
puedan salir por un tiempo y mejorar sus condiciones de vida. Esto sucede
con más frecuencia en las celdas de castigo, donde varias han muerto en el
intento, ya que para ser sacadas de las celdas las heridas tienen que ser de
gravedad, o de lo contrario las castigan por más tiempo y no van a ninguna
parte. Son varias las presas que tienen en su cuerpo alambres y objetos
punzantes que se han introducido con toda intención. Varias son las reclusas
que tienen horribles cicatrices y huellas de anteriores auto agresiones.
Cuando las presas atentan contra su vida, arrastradas por crisis de nervios,
prefiriendo estar muertas antes de continuar cumpliendo altas condenas en
condiciones inhumanas, sin derechos, ni protección alguna, lo que hacen las
autoridades del penal es que toman estas actitudes como una indisciplina
grave, no le dan la atención medica necesaria y especializada, como lo
requiere el caso, y son enviadas a las celdas de castigo por supuestas
violaciones del reglamento penitenciario.
En estas celdas de castigo empeoran rápidamente las que están enfermas de
los nervios y cuando se hacen irresistibles, o no las soportan más por los
ataques y crisis, las envían a un hospital psiquiátrico, aunque casi siempre
ya es demasiado tarde. Varias mujeres no reaccionan como una persona normal.
Uno de los métodos que usan, frecuentemente, como tratamiento en estos
casos, es el horrible electroshock, con la intención de que no recuerden las
horribles cosas que han vivido y visto en la prisión. En los casos que no
están enfermas de los nervios, cuando las llevan a las celdas de castigos se
traumatizan, viendo y oyendo los horrores que se viven en ese lugar.
Otro motivo de violencia es la homosexualidad. El penal mantiene juntas a
las homosexuales con las demás reclusas, algo que provoca mucha violencia y
hechos de sangre. También es motivo de violencia, el maltrato por parte de
la guarnición, los oficiales y los "reeducadores". En ocasiones, cuando
golpean a una presa, las compañeras se rebelan provocando grandes
disturbios, donde salen muy afectadas las reclusas.
La explotación en el trabajo
Es parte del régimen penitenciario cubano, hacer que las reclusas trabajen,
para que puedan coger los "beneficios", como visitas extras, salir para un
mejor destacamento, donde estén un poquito más libres, ver el televisor,
tener rebajas de condena. Las autoridades del penal se aprovechan de que las
presas quieren mejorar y salir lo más pronto posible para explotarlas a lo
máximo. A muchas las ponen a trabajar varias horas al día bajo el sol y la
lluvia, en condiciones inhumanas. En el campo realizan diferentes trabajos.
Pueden ser estos en la cocina, cuidando animales, cortando yerba y limpiando
los alrededores del penal. Esta es una forma de esclavizar a las mujeres y
sacarles el mayor provecho, como mano de obra barata. Hay lugares en el
campo donde las llevan a trabajar sembrando y transplantando plantas
ornamentales para exportarlas y comercializarlas en dólares; estas plantas
son muy caras y a la inmensa mayoría de las reclusas no le pagan. Si el
penal está ubicado en una zona de cítrico, las ponen a recogerlos y a
sembrarlos.
El penal no les da a las reclusas artículos para mantener cierta limpieza en
las celdas y cubículos donde viven, ellas tienen que pedirle a la familia
que si pueden, les traigan frazadas de piso, trapeadores, detergente y
creolina para desinfectar un poco. Si la familia no puede, como casi siempre
sucede, tienen que coger alguna pieza vieja de vestir para limpiar el piso.
Las autoridades, por su parte, hacen una inspección diaria para exigirles
limpieza y organización a las reclusas.
En ocasiones han utilizado a las presas como conejillos de india,
experimentando con vacunas que no se sabe a ciencia cierta para qué son ni
cuál sería el resultado. Sólo dicen que están inyectando contra cualquiera
enfermedad y las presas tienen que ir obligadas y no les dan ningún recibo,
porque no tienen derecho a tener esa información.
Vejaciones y humillaciones
Cuando llega el día de la tan deseada visita familiar, las reclusas tienen
que soportar degradantes y humillantes requisas y registros corporales,
donde las desnudan y entre varias guardias las registran, le revisan el
pelo, las mandan a hacer cuclillas desnudas, para comprobar si esconden algo
en sus partes; también registran los zapatos y demás pertenencias. Tratando
de que las presas no puedan sacar ninguna denuncia de las tantísimas
violaciones de derechos humanos que en las prisiones se cometen, estas
medidas son más rigurosas con las presas políticas, ya que estas tienen una
mayor conciencia de todo lo que está sucediendo a su alrededor, pues están
allí precisamente por estar en contra del régimen comunista.
Muchas de las guardias que trabajan en las prisiones son homosexuales, y se
aprovechan de la autoridad que les da el penal a través de los uniformes, la
fuerza, y el miedo de la mayoría de las presas, para amenazarlas y
maltratarlas de diversas formas. Ya han sido varios los casos en que han
tenido que expulsar del penal a algunas guardias por actos deshonrosos y
esto ha sido realmente por las pruebas tan evidentes que se han presentado,
que si no hacen algo pudieran verse perjudicadas otras personas de más alto
rango.
Existen hombres oficiales en las prisiones de mujeres, los que también han
hecho con muchas presas lo que les ha dado la gana, abusando de su autoridad
y de las debilidades de las presas. Si tienen sexo con ellas, las castigan,
o las benefician, según entiendan o les convenga.
Las presas son torturadas física y psicológicamente, sobretodo en las celdas
de castigo, donde las reclusas están solas y no hay nadie que pueda servir
de testigo. Las guardias golpean con unos bastones duros de goma, llamados "Tonfa".
Las torturas psicológicas son constantes, usan muchos métodos para ello. Las
humillaciones, por ejemplo, en los pasillos, oficinas, enfermerías, tienen
algunas sillas o butacas, donde las presas, si no las mandan no se pueden
sentar, aunque estén vacías, y si lo hacen, las levantan de forma ofensiva
para recordarles la condición de presas que ellas tienen. También usan mucho
a la familia para torturar a las presas, especialmente a los niños. Las
presas son atendidas por una oficial que se hace llamar la reeducadora,
quien se entrevista con las presas bastante a menudo, les hace muchas
preguntas y les insinúa muchas cosas, como que es la culpable de que sus
hijos estén sin ella, y que no le vaya bien en la escuela o en la casa.
También las obligan ver ciertos programas en la televisión, de corte
político, siempre a favor del régimen, como el noticiero, y las mesas
redondas, algo que realmente es insoportable.
Es humillante el método como diariamente los oficiales que están de guardia,
pasan un recuento por todo el penal, para asegurarse de que no falta ninguna
presa. Mientras los oficiales van contando, todas tienen que pararse en
atención por mucho tiempo, en orden y de completo uniforme de presa, y más
aun, tienen que decir consignas comunistas y ante cualquier pregunta
responder positivamente, aunque sea la mentira más grande que hayan dicho.
Si las presas no satisfacen a los jefes, después de su retirada las llevan a
la dirección del penal, donde las amenazan, humillan, y toman medidas contra
ellas, desde suspenderle una visita hasta mandarlas a las celdas de castigo,
según consideren la gravedad de la supuesta indisciplina
Para que puedan ganarse algún beneficio tienen que realizar algunas
actividades en el teatro, como cantar, bailar y hacer cualquier monería que
haga reír a los demás. Esto hace sentir muy mal a las presas, porque las
pintorrean y las hacen sentir ridículas, casi siempre salen llorando.
El lenguaje que usan los oficiales para con las presas es bien ofensivo y
obsceno, para humillarlas delante de las demás, y provocarlas cuando tienen
algún interés de castigarlas por algo para lo que ellas no se han prestado.
Hay varias presas que tienen hijos y no tienen ninguna persona que pueda
ocuparse de ellos, mientras están cumpliendo la sanción. El estado los pone
en una escuela interna, y en ocasiones pasan años y los niños no pueden ver
a su madre, por que esta es una manera también de hacer sufrir a las presas.
Si no hacen lo que ellos quieren, le dicen que en tal fecha les van a llevar
a sus hijos y después que esa madre se ha preparado sicológicamente y ha
conseguido algunas cositas para sus hijos, como caramelos, dibujos o alguna
ropita que ellas misma le hacen, le dicen que no los pueden llevar porque no
tienen gasolina o por que el transporte está roto. Casi siempre estas presas
se sienten burladas y por su impotencia ante el abuso se auto-agreden, o
protestan fuertemente, terminando en las celdas de castigo.
Situación de los familiares
Muchas son las familias cubanas que por desgracia han tenido a uno de sus
miembros en prisión, y mucho han tenido que sufrir por ello. La mayoría de
las familias cubanas, a no ser las que sean privilegiadas, tienen una
difícil situación económica, más aun, las que tienen a uno de sus miembros
presos. Estas familias se tienen que hacer cargo de sus hijos y en ocasiones
también del esposo, que a veces también esta preso. Casi siempre la familia
tiene que trasladarse desde muy larga distancia hasta la prisión, por que es
una forma de hacer extensivo el castigo de las presas a la familia, que la
apoya y trata de protegerla de alguna manera. En Cuba el transporte está
pésimo, y cuesta muy caro, mas si tienen que trasladarse a otras provincias.
También conseguirle una jaba de alimentos es muy difícil y cara. En
ocasiones van a ver a la presa y solo le llevan la comida que se van a comer
en el momento y para que vean a sus hijos. Las visitas son muy tristes, por
que las presas sobre todo lloran mucho con los hijos y se ve a las
autoridades del penal y la guarnición rondando por todo el salón, en
ocasiones con perros que buscan drogas, ya que en el penal, algunas presas
comunes consumen estos tóxicos y no saben como entran a la prisión. La
familia que puede se gasta el poco dinero que tiene en ponerle algún
abogado, que casi nunca puede hacer nada, porque los tribunales están
parcializados con el gobierno.
La atención religiosa
Todo ser humano cuando está en situaciones difíciles clama a Dios y su fe
crece con la esperanza de sobrepasar tanto sufrimiento, algo muy latente en
las prisiones. Muchas son las mujeres que se convierten en estos lugares.
Es emocionante ver cómo se realizan, a escondidas y abiertamente, pequeños
grupos de oración, se reza el Rosario, se le impone las manos a las enfermas
físicas y espirituales, se ora por las noches o se hace una oración antes de
ingerir alimentos, todo para agradar a Dios y para que escuche sus ruegos.
Hay creyentes de varias religiones y todas se unen en oración, sin dudas
agradan al Señor, que es el mismo de todas.
Estas actividades religiosas son reprimidas por las autoridades y guardias
del penal. Cuando notan que el grupo va creciendo, ellos comienzan a tomar
medidas persuasivas para disolverlo.
La atención religiosa es casi nula y totalmente limitada por las autoridades
gubernamentales y del penal, a pesar de que es un supuesto derecho que
tienen las reclusas, contemplado en el reglamento del penal.
Los sacerdotes y las religiosas de la Iglesia Católica cada tres meses
pueden ver a alguna reclusa, las que el penal tiene contempladas como casos
especiales, tales como extranjeras y las presas políticas, porque estos
casos son conocidos y le pueden traer problemas en cuanto a la falsa imagen
que ellos quieren aparentar.
Muchas son las reclusas que solicitan este servicio religioso, pero las
autoridades no responden positivamente. Esta visita es en un salón preparado
por anticipado, para ver y oír todo lo que allí se conversa y hace. También
ponen a un oficial a vigilar y a contarles el tiempo. En estas condiciones,
aunque la visita es alentadora y fortificante paras las presas, es también
muy limitada, porque ni siquiera se pueden confesar por temor a que todo lo
escuchen. Las reclusas, antes de recibir estas visitas y después de ellas,
tienen que pasar por un cuarto donde son estrictamente requisadas para
evitar que saquen ninguna carta o denuncia en contra del régimen de forma
clandestina, como suele hacerse en estos lugares. Así los sacerdotes hacen
su labor religiosa.
La Iglesia Católica desarrolla un proyecto en toda la Isla que se llama "La
Pastoral Carcelaria", cuyo propósito no es sólo visitar a los presos, algo
que les preocupa mucho, si no también enviar alguna ayuda a los reclusos y
reclusas a través de las familias, por medio de la Iglesia más cercana a su
comunidad. En ocasiones les han retirado el permiso de entrada a las
prisiones a algunos sacerdotes y religiosas por solidarizarse con los presos
políticos.
También hay otros líderes religiosos de otras congregaciones que intenta
atender a las presas que lo soliciten, pero también les es muy difícil.
Las reclusas en su mayoría poseen Biblias, estampitas de los Santos, en los
que ponen todas sus esperanzas, le piden por sus seres queridos, por su
libertad y en especial por sus hijos.
Corrupción en las autoridades penitenciarias
La mayoría de las guardias que trabajan con las presas son mujeres muy
jóvenes que han emigrado de las provincias orientales, donde hay mucha más
pobreza, hacia La Habana donde por ser esta la capital hay más recursos y
posibilidades.
Ellas son mujeres sin nivel ni cultura, que les dan un curso y las ponen a
su servicio utilizándolas a su conveniencia por un sueldo, que en definitiva
no les resuelve sus problemas. Están en La Habana pero no tienen una casa ni
familia, porque viven en un albergue y lejos de los suyos, como reclutas y,
según algunas de ellas mismas, que dan su propio testimonio, hay mucho robo
entre ellas y algunas son expulsadas por actos degradantes en la prisión.
Las presas que tienen más astucias, por el tiempo que llevan en prisión, con
facilidad sobornan a las guardias, las que le permiten hacer muchas cosas, a
cambio de cualquier regalo, como sacarles cartas del penal sin que estas
sean revisadas por los oficiales a cargo. También dejan a las presas dormir
fuera de su cubículo o destacamento, algo que está prohibido en la prisión;
le permiten entrar alimentos elaborados, hacer negocios dentro del penal y
compartir con ellas las ganancias.
Recomendaciones para una transición
Llegado el momento de una transición, en primer lugar se deben mejorar las
condiciones de vida dentro de las cárceles, y tomar medidas urgentes con los
oficiales y guardias que hayan maltratado, cometido injusticias y
violaciones de los derechos humanos. Hacer una revisión de las causas, ya
que muchas de ellas son injustas y provocadas por el mismo sistema como es
el caso del delito "Peligrosidad". El Estado considera a una persona
peligrosa sin cometer un delito específico. Las causas por lo que detienen a
las jineteras, jóvenes que mantienen a sus familias con la más antigua
profesión, la prostitución. Los delitos de robo y ventas de alimentos, tales
como frutas, viandas y carne de res entre otras. El sistema totalitario es
el verdadero origen de esos delitos.
Mejorar el régimen penitenciario, ofreciendo a las reclusas más facilidades,
dándoles la oportunidad que se superen realmente; que puedan tener tiempo de
recreación y esparcimiento; que no les falte una adecuada atención médica y
que se les dé atención a las familias que queden desamparadas; que tengan
derecho a ser representadas por un abogado defensor; que las mantengan cerca
de sus residencias; que a las homosexuales las ubiquen separadas de las que
no lo son (esto evitaría riñas) y finalmente darles una alimentación
balanceada en proteínas y carbohidratos.
Lo importante es lograr que disminuya la alta población penal que existe en
Cuba, que mejoren las condiciones de vida de las reclusas y que quienes
trabajen con ellas sea un personal calificado, para lograr que estas mujeres
se reintegren a la sociedad dando lo mejor de sí, por ellas y la familia.
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